martes, 17 de enero de 2012
Conversación con la realidad
Martes, 07:52 a.m.
Hace cuatro o cinco horas mi sueño se quebró, dando paso una vez más a la realidad. Fruto de mis dolores más internos y mis pesadillas más olvidadas lo acepté: "hola, verdad", susurré: "El mundo no puede parar un segundo, en cada momento ya estoy pensando en el siguiente. Tengo todo bajo control y ya nada me causa delirio, ya nada me sorprende. El descontrol es lo único que puede conmigo, así que, la única solución que logro maquinar es cerrar los ojos y, así, ya no lo veo, ya solo lo olvido".
Hace tres horas recibí una respuesta al fin: "¿Pero, qué?", contesté: "¿cómo te atreves a hacerme esto, realidad?, nunca me contestas cuando te hablo, ¿no entiendes que quiero dejarlo todo? ¡por eso es por lo que callo!, esperas algo de mí que ni si quiera ya recuerdo, y, mucho menos, creo que tengas alguna solución para que le deje de echar de menos... Te diviertes despertándome cual íncubo, pero no sabes que comparto casa con ellos todos los días. Volverás a despertarme una y otra vez, lo sé, y me da igual que te rías, porque cada vez que lo hagas, cada vez que intentes ignorar mi llamada, yo cerraré los ojos y, tú, te comerás todas y cada una de mis legañas".
Hace dos horas ya no sabía qué pensar: "Me dotas de algo importante que guardar, crees que yo, hija del desastre y del desdén, debe ahora tener responsabilidad. Me importa una mierda lo que todos hagan o cómo cada uno sea, o me das una trama, una acción, o mañana ya no estaré acompañándote. No, ¡me niego a que me sigas manteniendo en vela!".
lunes, 16 de enero de 2012
Viejos tiempos pasados
Hace dos días, tú, y, también yo, volvimos a revivir tiempos pasados. Revivir... bonitos viejos tiempos de antaño, ¿los recuerdas?, no. Claro que no los recuerdas. Pero no importa, yo los recordaré por ti.
jueves, 29 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
22 de diciembre de 2011
La noche anterior al 22 de diciembre no había dormido prácticamente nada porque estuve toda la tarde de ese día anterior durmiendo, así que, como mi amiga tenía mi móvil, le pedí a mi madre que me despertara a las 8:30. Se lo repetí varias veces para que no se le olvidara, a lo que ella respondió casi riéndose: "¡Vale, Yuna!". Era un juego y yo lo sabía, sólo que, a la mañana siguiente me desperté con un: "¿Yuna? ¿tú me habías dicho que te despertara a las 8:30?". Cuando me incorporé aún con los ojos entrecerrados, observé el reloj digital que había en la pequeña pantalla del aparato de los canales de Imagenio. Eran las 8:40, por lo que supe que tardó en pensar en mí y, además, en acordarse de que me tenía que despertar, aún dudando. El verano pasado me escapé de casa prácticamente obligando a mi novio. No quería estar ahí, notaba que todo el mundo, las situaciones que giraban entorno a esa casa, a esa familia, todo, eran disparates ilógicos y sin sentido en los que debería ser fácil ver la lógica por la clara lucidez y objetividad con la que birllaban las tesituras de las que hablo. A partir de ese entonces, mi madre me prometió, junto con su luna de cartón, que no volvería a tener contacto con mi padre. Volví y no sólo notaba el distanciamiento de algunos miembros de la familia en concreto, hacia mí. Esas miradas y giros de éstas mismas... no podía evitar imaginar sus conversaciones lejos de mi presencia. ¿Acaso ellos tenían razón?, ¿acaso mi gen imaginario de la justicia estaba roto?, ¿le faltaban pilas?, ¿lo estaba haciendo mal?, ¿era el mundo así de incomprensible como a mí me parecía?, ¿dónde había quedado eso de... ¿cómo se llamaba?, ah, sí, objetividad. ¿Es que el negro y el blanco ya no tenían por qué ser enemigos naturales?, ¿libertad y libertinaje se habían convertido en una misma cosa?.
Lejos de esto y retomando lo anterior, cuando regresé, el móvil de mi madre sonó. ¿Quén era?, no dudé en preguntárselo, pero es obvio quién era. Entonces, molesta, me preguntó si me molestaba, como si fuera una gran incertidumbre. "¿De dónde venimos, Yuna?", parecía que era la pregunta de la que se trataba realmente. ¿Era tan difícil de entender que la persona que unos cuantos años antes me había prometido que podría confiar en ella lo inimaginable era ahora la persona más tonta del mundo, la cual más daño me causaba? Por si no fuera poco, seguían viéndose y cómo no, cuando lo descubrí me dijo que creía que yo ya lo sabía. ¡Pues claro que lo sabía!, no lo veía, ¡pero lo sabía!, ¡mi mejor amiga, mi novio y todas las personas cuerdas del mundo lo sabían!, otra cosa distinta es haberlo querido creer, como cuando sonó ese móvil, lo que significaba que el señorito había conseguido que mi madre le regalase un movil nuevo, saldo y todo por sus buenas acciones, oye, que quizá debería ser así yo también, ¡eh!
Al margen de este eposodio, la mañana del 22 de diciembre, cuando ya había decidido abandonar mi cama, aunque iba en contra de mi voluntad, me levanté y habiendo obligado un poco al subconsciente para ese propósito costoso por muy efímero que fuera, me vestí y, aunque no me apetecía pisar la habitación del fondo, para no variar, tuve que hacerlo porque es el único lugar donde hay espejos de cuerpo entero aparte del de la habitación de mi primo, sólo que estaba durmiendo con la novia en su habitación, por lo que, dudo que le hiciera mucha gracia que entrara para mirarme. Quitando, claro, que probablemente la puerta estuviera cerrada con llave. Al entrar en la habitación, me miré, me coloqué la blusa, me miré... y aunque tenía aún los ojos entrecerrados, noté que había algo distinto en esa habitación desde la última vez que entré. Me giré y pude ver que el colchón que acostumbraba a estar al lado del armario de los espejos para cuando vinieran mis amigas, estaba ahora de frente a él. Delante de éste, unas escaleras, a los lados cosas irrelevantes, pero que, tampoco antes estaban ahí, y, sin embargo, la gran bolsa sucia que acostumbraba a estar ahí, en medio de todo, no estaba. Una vez la abrí para ver qué contenía, creyendo que iba a encontrar ropa de mi padre dentro, o incluso, sus herramientos de trabajo, claro. Para mi disgusto, y no gusto, recalco, encontré ropa militar de mi primo. Aún así, no comprendía por qué estaba tan sucia de lo que parecía escayola, siendo mi padre "escayolista". Por Dios, ¿esa profesión existia? ni lo quiero saber, pero es lo que siempre dijo, sólo que, también siempre dijo que mi madre, mi familia y mis amigas eran unas interesadas, claro que, no usando esa palabra precisamente. Reparé entonces en la pared, que antes estaba cubierta por arañazos de mi anterior perro. Ese es otro capítulo... Estaba todo liso, pero, ¿cómo?, ¿tal vez seguía media dormida aún?, ¿mis ojos se lo habían imaginado por estar entrecerrados todavía?, no. Era la realidad y sabía qué significaba. Estaba ansiosa por saber cómo escaparía mi madre esta vez en: Las aventuras de Amparo Jones en la cueva maldita. ¿Cómo escaparía esta vez nuestra querida heroína arqueóloga de las garras del demonio legendario Aliger Yuna?, ¡No se lo pierdan!.
Estaba en el baño. Fui y en los cortos pasos que lo separaban de la habitación del fondo, mi mente ya imaginaba la manera de decírselo. Echaría por la borda los pocos días anteriores de buena relación, de risas y de ignorar sus estupideces, pero ¿qúe más daba?. Mi boca no lo decía y mi mente tampoco, pero notaba un algo interno que repetidas veces me decía que no me dejara engañar. No esta vez. Ese mismo algo me hacía un repaso de su actitud y con calificativos inpronunciables me animaba a hablarle. Fuera, ordené a esa voz, y con tranquilidad me acerqué dispuesta, otra vez, a ser engañada y soportar su falsa sonrisa de días posteriores en los que cambiaría de tema por siempre, tratando ese día como una invención, un sueño:
- ¿Arreglaste la habitación del fondo tú sola? -pregunté tranquila-.
Recibí silencio para luego, entre unos balbuceos, observar cómo una mente de frente a la mía, intentaba escapar de una manera que me hacía recordar a un conejo angustiado en una trampa para conejos. La exactitud de las palabras no la recuerdo, aunque tan sólo ha pasado casi una hora desde entonces. Tal vez, poco más de media hora, pero en resumidas cuentas y entre varias intervenciones mías ayudando a desarrollar su mentira, dijo:
- Tu padre me ayudó, pero, ¿hace cuánto tiempo ya de eso? -Pude ver las chispas que saltaban de su cabeza orgullosas de haber maquinado tanto una explicación, por lo que me fui a los hechos universales-.
- Entonces, subió. -¡Pam! ¿qué era eso?, ¿un disparo?, parecía como si unas neuronas se hubieran propiciado un tiro intentando huir de la vida, rendidas.
- Pero, Yuna -dijo antes de una gran, gran pausa-. ¿Hace cuánto tiempo de eso? -¡Sabía que las veces anteriores que había entrado no estaba así y que antes de su promesa de cartón seguía todo igual de feo allí dentro! coño, ¡que parecía un niño!-.
- Fue después de que me lo prometieras... de que me prometieras que no volvería a subir, ¿pero quién me lo prometió? Super Mario... Super Mario me lo prometió...
Me giré, tapé mis lágrimas, cerré la puerta, me acordé de Gustavo, cogí desesperada una libreta, no había hojas libres, era antigua. Por fin una. Empuñé el bolígrafo rojo que había cogido al entrar y escribí en la parte superior: 22 de diciembre de 2011.
sábado, 17 de diciembre de 2011
La Estrella De Los Vientos
La mañana
llamaba a la puerta y la puerta le giñó el ojo.
Ésta no
se cerraba por más que lo intentaran, milagrosos.
En un
lado se encontraba el azul cielo y en el otro la tierra.
A un lado
quedaba alguien que no debía nada a esa esfera.
¡Mis
actos quedarán borrados cuando te libere, ve!
y la
muchacha de rizados cabellos la cruzó sin saber.
¡Tomala
en tus brazos, oh, mi auténtico y fiel amado
y
protégela con tu espada, con tu escudo y con tu arco!
Y dile
que yo en cada camino junto a la luna la podré ver
y dile
cuantas nanas susurraré para no ver en sus ojos llover
y
cuéntale historias de como la puerta al final del día se cerro
y jamás
la llames por su nombre pues él jamas lo encontro.
Ojos de
furia y piel marmoleada tendrá en su razon
cabellos
castaños y rojos cual fuego en su corazón
a gracia
de la guerrera del amanecer que al alba venció
la
estrella de los vientos que agiliza mi vorpal amor.
De una
puta a una princesa de la noche a la mañana
será
fuerte cual demonio que entrecruza miradas
sus
alas... ¡escondidas! oh, sus plateadas alas.
El viento
podrá en este mundo mantenerla atada.
No sufras,
corazón, porque cuando despierte, te veré.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Tsss
¿Que más valen mentiras que me hagan felices a verdades que me amarguen la existencia?
OLVÍDATE.
Qué ODIOSO es no poder diferenciar entre la realidad y la mentira.
¿CUÁNTAS VECES HACE FALTA QUE ME LO AFIRMEN PARA HACERME A LA IDEA?
¿Y si olvidó?
Las flores se remplazan, ¿no?.
¿Por qué niego lo que soy a las únicas personas a las que no debería hacerlo?
¿Cómo puede la gente ser feliz con nada?
Es difícil lidiar con algo sujeto a un hilo.
OLVÍDATE.
Qué ODIOSO es no poder diferenciar entre la realidad y la mentira.
¿CUÁNTAS VECES HACE FALTA QUE ME LO AFIRMEN PARA HACERME A LA IDEA?
¿Y si olvidó?
Morí porque tenía miedo de que hubiera dejado de tal. Volvió, pero ¿eso significa que me tal o que simplemente volvió? pactó, ¿pero eso significa que me seguía tal o que se sentía mal por haber llegado tarde y además, por que ya no me tal y yo morí por amor?
¿Por qué niego lo que soy a las únicas personas a las que no debería hacerlo?
¿Cómo puede la gente ser feliz con nada?
Es difícil lidiar con algo sujeto a un hilo.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Casi sintiendo
Miro y aún no puedo
sentir que soy yo, cierto, pero mi corazón comienza a despertarse y entre
bostezos, logra pronunciar las preguntas preliminares para saber dónde está y
quién es después de su largo sueño. Él, mira a tu derecha, localiza una foto
que te representa, y de repente, mezclada con un poco de letra, me
hace sonreír entre una canción cualquiera.
Te reconoce y te
recuerda, porque a pesar de que nadie le da, explícitamente, las respuestas, te
siente y entre cuerdas lagunas recuerda que tu piel era jodidamente bella.
Una vez deseé que
cuando muriera sintiera tus brazos alrededor de los míos y así, cuando
consiguiera despertar y volviera, encontrarnos en la misma posición en la que
por vez última y primera, nos miramos. Fue muy triste, pues vinimos solos y un
poco más solos volvimos a marcharnos, pero por muy triste que haya sido tu
marcha tras mi espera, se acabó olvidar las cosas porque me duelan, porque paso
de llegar una vez más al punto en el que me niegue y, por consiguiente, me
pierda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)