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viernes, 13 de julio de 2012

Querido Clow:

Querido Clow: no sé cómo pude llegar a pensar que me habías olvidado, que en realidad, no me querías a mí, sino a ella... de todas maneras, si fuera o no así, es triste. Sé que pasó algo más que nadie me dice. Los que no pueden, no se atreven y los que, al contrario, sí, no quieren y me mienten. ¿Qué fue lo que pasó entre vosotros? vamos, tienes que decírmelo. Debo saberlo y nadie me lo dice. Es imposible que durante todo el tiempo en el que acostumbrábamos a vernos... ¿recuerdas las canciones? ¿recuerdas las estrellas?... es imposible que durante todo ese tiempo, no sucediera nada allí entre vosotros. Algo malo, decisivo, algo con Kyria... o no.

Me gustaría decirte que no soy la que se adapta a las condiciones de la pareja, siendo injustas. Más bien soy la que impone cosas injustas... está mal y siempre intento cambiar. Por eso, no me vale que intentaras engañarme y no te dieras cuenta de que me amabas hasta el final... de todo. Porque entonces... no sé si renegaría de ti... pase lo que pase, no va a cambiar lo que siento. Eso lo sé cada vez que sueño contigo. Cada vez que te veo o que, temeroso de que no te perdone, tardas en asimilar que te abrazo y, así, sonreír. ¿Pero qué más dará todo eso?, si tu y yo no somos pareja, ni lo seremos jamás. Somos ese algo que no existe.   Esas... almas gemelas de las que tanto habla la gente. El amor verdadero. El romántico. El eterno. Que las parejas se las queden las cartas.

¿Dónde estarás? sólo espero que no sea en el lado en el que no puedo estar. De todas formas, ya no tengo prisa.


¿Sabes? antes solía imponerme a cualquier persona que tuviera una sola duda sobre nosotros.

¡Claro que le perdono! ¡no sé por qué él cree que no! -decía-

Ahora casi entiendo por qué no dejas que me plantee si perdonarte o no. Falta algo... algo que pueden ser tantas cosas... ni si quiera yo, sé si te perdonaré o no.




¿Cómo sabré que es él? -les pregunté-
Le sentirás -respondieron, sabiendo lo que me pasa con eso...-


miércoles, 11 de julio de 2012

Querido Clow:

Querido Clow: ¿dónde estás? La noche anterior a ésta, soñé contigo. Nos hacíamos una promesa. Otra más. Tú, sonriendo, delante de mí, me acercabas una mano:

-Pinky- Decías, esperando una respuesta, tras haberme ofrecido el dedo meñique de tu mano derecha.
-Promise- Respondía yo.

Y entonces, pude ver como la sonrisa que expresabas se convertía en una cara de asombro, sin creerte que alguien más que tú, acostumbrara a hacer ese tipo de cosas. Anoche, sin embargo, bajé a un pueblo con mi madre y entonces, casi cuando iba a irme, alguien me señaló que volviera. Me giré y mi mirada sólo se dirigió a un sitio. No había absolutamente nada ahí, pero con cada paso que daba para marcharme hacia la dirección contraria, algo cada vez más explícito me decía que volviera. De repente, una canción de Sonata Arctica comenzó a escucharse desde una ventana, y volví a girarme, esta vez, sin intención de irme.

-¡Joder! ¡sé que ahí hay algo! ¡lo sé!- dije antes de volver, decidida a encontrar lo que fuera.

Mis pasos eran cada vez mas fuertes y ya casi salían lágrimas de mis ojos. Algo me presionaba por todas partes. Las hojas se movían con mis pies y, entonces, alguien me habló:

-Aquí- escuché claramente por mi oído izquierdo.

Al girarme hacia el sitio al que me dirigían, una luz me indicó que no estaba loca, así que entré intentando buscar el título de una canción, una llave, una señal, algo.

¿Sabes qué pasó? me habló una tal Laida. Era una niña esbelta con pelo caoba recogido en una trenza que vestía un traje largo de color verde. Escondía algo, lo sé. Ella sabía quién soy, sabía lo que tengo.Tal vez me llames celosa, pero cuando despertaba y decía su nombre para no olvidarlo, sólo podía pensar en Rose.


Con respecto a nuestra promesa, no logro recordar cuál fue el acuerdo, pero tan sólo espero, que tú no la olvides... como yo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

22 de diciembre de 2011


La noche anterior al 22 de diciembre no había dormido prácticamente nada porque estuve toda la tarde de ese día anterior durmiendo, así que, como mi amiga tenía mi móvil, le pedí a mi madre que me despertara a las 8:30. Se lo repetí varias veces para que no se le olvidara, a lo que ella respondió casi riéndose: "¡Vale, Yuna!". Era un juego y yo lo sabía, sólo que, a la mañana siguiente me desperté con un: "¿Yuna? ¿tú me habías dicho que te despertara a las 8:30?". Cuando me incorporé aún con los ojos entrecerrados, observé el reloj digital que había en la pequeña pantalla del aparato de los canales de Imagenio. Eran las 8:40, por lo que supe que tardó en pensar en mí y, además, en acordarse de que me tenía que despertar, aún dudando. El verano pasado me escapé de casa prácticamente obligando a mi novio. No quería estar ahí, notaba que todo el mundo, las situaciones que giraban entorno a esa casa, a esa familia, todo, eran disparates ilógicos y sin sentido en los que debería ser fácil ver la lógica por la clara lucidez y objetividad con la que birllaban las tesituras de las que hablo. A partir de ese entonces, mi madre me prometió, junto con su luna de cartón, que no volvería a tener contacto con mi padre. Volví y no sólo notaba el distanciamiento de algunos miembros de la familia en concreto, hacia mí. Esas miradas y giros de éstas mismas... no podía evitar imaginar sus conversaciones lejos de mi presencia. ¿Acaso ellos tenían razón?, ¿acaso mi gen imaginario de la justicia estaba roto?, ¿le faltaban pilas?, ¿lo estaba haciendo mal?, ¿era el mundo así de incomprensible como a mí me parecía?, ¿dónde había quedado eso de... ¿cómo se llamaba?, ah, sí, objetividad. ¿Es que el negro y el blanco ya no tenían por qué ser enemigos naturales?, ¿libertad y libertinaje se habían convertido en una misma cosa?.

Lejos de esto y retomando lo anterior, cuando regresé, el móvil de mi madre sonó. ¿Quén era?, no dudé en preguntárselo, pero es obvio quién era. Entonces, molesta, me preguntó si me molestaba, como si fuera una gran incertidumbre. "¿De dónde venimos, Yuna?", parecía que era la pregunta de la que se trataba realmente. ¿Era tan difícil de entender que la persona que unos cuantos años antes me había prometido que podría confiar en ella lo inimaginable era ahora la persona más tonta del mundo, la cual más daño me causaba? Por si no fuera poco, seguían viéndose y cómo no, cuando lo descubrí me dijo que creía que yo ya lo sabía. ¡Pues claro que lo sabía!, no lo veía, ¡pero lo sabía!, ¡mi mejor amiga, mi novio y todas las personas cuerdas del mundo lo sabían!, otra cosa distinta es haberlo querido creer, como cuando sonó ese móvil, lo que significaba que el señorito había conseguido que mi madre le regalase un movil nuevo, saldo y todo por sus buenas acciones, oye, que quizá debería ser así yo también, ¡eh!

Al margen de este eposodio, la mañana del 22 de diciembre, cuando ya había decidido abandonar mi cama, aunque iba en contra de mi voluntad, me levanté y habiendo obligado un poco al subconsciente para ese propósito costoso por muy efímero que fuera, me vestí y, aunque no me apetecía pisar la habitación del fondo, para no variar, tuve que hacerlo porque es el único lugar donde hay espejos de cuerpo entero aparte del de la habitación de mi primo, sólo que estaba durmiendo con la novia en su habitación, por lo que, dudo que le hiciera mucha gracia que entrara para mirarme. Quitando, claro, que probablemente la puerta estuviera cerrada con llave. Al entrar en la habitación, me miré, me coloqué la blusa, me miré... y aunque tenía aún los ojos entrecerrados, noté que había algo distinto en esa habitación desde la última vez que entré. Me giré y pude ver que el colchón que acostumbraba a estar al lado del armario de los espejos para cuando vinieran mis amigas, estaba ahora de frente a él. Delante de éste, unas escaleras, a los lados cosas irrelevantes, pero que, tampoco antes estaban ahí, y, sin embargo, la gran bolsa sucia que acostumbraba a estar ahí, en medio de todo, no estaba. Una vez la abrí para ver qué contenía, creyendo que iba a encontrar ropa de mi padre dentro, o incluso, sus herramientos de trabajo, claro. Para mi disgusto, y no gusto, recalco, encontré ropa militar de mi primo. Aún así, no comprendía por qué estaba tan sucia de lo que parecía escayola, siendo mi padre "escayolista". Por Dios, ¿esa profesión existia? ni lo quiero saber, pero es lo que siempre dijo, sólo que, también siempre dijo que mi madre, mi familia y mis amigas eran unas interesadas, claro que, no usando esa palabra precisamente. Reparé entonces en la pared, que antes estaba cubierta por arañazos de mi anterior perro. Ese es otro capítulo... Estaba todo liso, pero, ¿cómo?, ¿tal vez seguía media dormida aún?, ¿mis ojos se lo habían imaginado por estar entrecerrados todavía?, no. Era la realidad y sabía qué significaba. Estaba ansiosa por saber cómo escaparía mi madre esta vez en: Las aventuras de Amparo Jones en la cueva maldita. ¿Cómo escaparía esta vez nuestra querida heroína arqueóloga de las garras del demonio legendario Aliger Yuna?, ¡No se lo pierdan!.

Estaba en el baño. Fui y en los cortos pasos que lo separaban de la habitación del fondo, mi mente ya imaginaba la manera de decírselo. Echaría por la borda los pocos días anteriores de buena relación, de risas y de ignorar sus estupideces, pero ¿qúe más daba?. Mi boca no lo decía y mi mente tampoco, pero notaba un algo interno que repetidas veces me decía que no me dejara engañar. No esta vez. Ese mismo algo me hacía un repaso de su actitud y con calificativos inpronunciables me animaba a hablarle. Fuera, ordené a esa voz, y con tranquilidad me acerqué dispuesta, otra vez, a ser engañada y soportar su falsa sonrisa de días posteriores en los que cambiaría de tema por siempre, tratando ese día como una invención, un sueño:

- ¿Arreglaste la habitación del fondo tú sola? -pregunté tranquila-.

Recibí silencio para luego, entre unos balbuceos, observar cómo una mente de frente a la mía, intentaba escapar de una manera que me hacía recordar a un conejo angustiado en una trampa para conejos. La exactitud de las palabras no la recuerdo, aunque tan sólo ha pasado casi una hora desde entonces. Tal vez, poco más de media hora, pero en resumidas cuentas y entre varias intervenciones mías ayudando a desarrollar su mentira, dijo:

- Tu padre me ayudó, pero, ¿hace cuánto tiempo ya de eso? -Pude ver las chispas que saltaban de su cabeza orgullosas de haber maquinado tanto una explicación, por lo que me fui a los hechos universales-.

- Entonces, subió. -¡Pam! ¿qué era eso?, ¿un disparo?, parecía como si unas neuronas se hubieran propiciado un tiro intentando huir de la vida, rendidas.

- Pero, Yuna -dijo antes de una gran, gran pausa-. ¿Hace cuánto tiempo de eso? -¡Sabía que las veces anteriores que había entrado no estaba así y que antes de su promesa de cartón seguía todo igual de feo allí dentro! coño, ¡que parecía un niño!-.

- Fue después de que me lo prometieras... de que me prometieras que no volvería a subir, ¿pero quién me lo prometió? Super Mario... Super Mario me lo prometió...

Me giré, tapé mis lágrimas, cerré la puerta, me acordé de Gustavo, cogí desesperada una libreta, no había hojas libres, era antigua. Por fin una. Empuñé el bolígrafo rojo que había cogido al entrar y escribí en la parte superior: 22 de diciembre de 2011.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sueños, sueños, sueños

Estoy aquí y ella también. Es mucho más pequeña y rubia que yo, pero encaja prácticamente a la perfección en cuanto a ella. Nada en mí me alerta de que no debo escuchar ni una sola palabra de lo que dice. Ni si quiera pasa por mi mente esa idea, sino que, al contrario, pongo atención a todos los consejos que me dedica como si de un dogma se tratara. Nos acompaña otra persona que, al igual que la niña, jamás había visto en mi vida pero que, aún así, también creo que puedo confiar en ella.

Es cierto. Me siento bien al lado de ambos, aunque no tenga ni idea de sobre quién podría tratarse la otra persona. Estos caminan a ambos lados de mi cuerpo y, aunque paseamos tranquilos compartiendo vivencias, noto la presencia de alguien que desde un ángulo más alto al mío me observa aunque intenta aparentar lo contrario. Su sola presencia saca toda negatividad de mí. Pretende algo malo, lo sé. Todos lo sabemos, y es entonces cuando unas marcas demoníacas comienzan a tomar forma en mi antebrazo derecho. Me quieren, me reclaman, piensan perseguirme hasta conseguir lo que buscan. Saben quién soy y lo que tengo pero estoy con ella y no les temo. Bueno, tal vez un poco.

-¡Corre!, ¡ven!.- Me dicen.

Ella lo sabe y yo sé que si es quien pienso que es, sólo debo seguirla. Debemos abrazarnos y sentirnos lo más juntas posible la una de la otra. Todo cambia y ahora las dos tenemos la misma altura, la misma proporción y, aunque somos distintas, compartimos el mismo sentimiento. Él vigila y se comporta como un mero espectador aunque, asustado, balbucea unas palabras que ya no consigo recordar. Mientras, ella quiere alejarme del peligro, así que me canta una nana y yo no me duermo. Despierto.

sábado, 29 de octubre de 2011

Un cuento. Sólo eso.

Hubo una vez una princesa muy cabezota que a su príncipe esperaba y esperaba. Desgraciadamente, para él, ella era indiferente, al contrario que él para ella, convirtiéndose éste así en una prioridad que al parecer, aunque la princesa no se diera cuenta, no era merecida. Por esto, muy, muy tristemente, siguió esperándole lo que a ella le pareció una eternidad.

Gracias a Dios, esto es sólo un cuento pues si no lo fuera, la princesa aprendería que su príncipe no es una necesidad y que, por tanto, si tiene algo más importante que su princesa no valdría la pena estar esperando. Esto último lo tendría tan, tan en cuenta, que haría esperar al príncipe dos eternidades. Y la verdad es que... así lo hizo.

Fin.




lunes, 4 de julio de 2011

AD

Desterrada. Ni tres días desde entonces y desterrada. Ni los vientos ni su hermana se habían cortado en propagar la noticia. Escapar. Tenía que escapar si no quería ser atormentada día tras día.

Todo allí era hermoso. Incluso el palacio de cristal donde pasaría los peores tormentos durante toda la eternidad, solo que, sin el, de nada le servia su gracia. Todo carecía de espíritu, de alma, de sentido...

¿Misericordioso? ¿Dios? Tal vez. Sin embargo, no sus superiores.


viernes, 1 de julio de 2011

AD

Se prometían noches... más noches, sueños, caricias, momentos y más y más momentos juntos. Mientras tanto, allá arriba observaban atentos céfiros y vientos de tempestad de todos los lugares que comunicaban lo ocurrido entre ellos.

- Oh, Danna. Mi dulce, dulce Danna...

Dejaba oírse el eco entre los vientos que recitaban una y otra vez las palabras que éstos se dedicaban.

- En tres días, esperaré frente a la línea que cruza tu abismo con el mío.
- Ya no recuerdo como era tu Cielo, pero te aseguro que el olor que impregna no es el de un abismo.
- Será un abismo hasta que tú formes parte de él. Entonces, y sólo entonces, podré llamarle Cielo.

martes, 28 de junio de 2011

AD

Clara noche. Pronto, todo difícil. Los astros casi alineados. Dos jóvenes alados entre sudores, gemidos y jadeos apasionados. La situación impedía mantenerlos tan unidos. La negación, la impulsividad, el deseo, la impotencia y el intento de invidencia hacia esta tesitura, hicieron a ambos felices por unas horas. ¿Valió la pena?