Desterrada. Ni tres días desde entonces y desterrada. Ni los vientos ni su hermana se habían cortado en propagar la noticia. Escapar. Tenía que escapar si no quería ser atormentada día tras día.
Todo allí era hermoso. Incluso el palacio de cristal donde pasaría los peores tormentos durante toda la eternidad, solo que, sin el, de nada le servia su gracia. Todo carecía de espíritu, de alma, de sentido...
¿Misericordioso? ¿Dios? Tal vez. Sin embargo, no sus superiores.

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