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domingo, 30 de octubre de 2011

Era yo

Los destinos nunca cambian, nunca se van.

Era yo, que siempre llegaba tarde.

sábado, 29 de octubre de 2011

Un cuento. Sólo eso.

Hubo una vez una princesa muy cabezota que a su príncipe esperaba y esperaba. Desgraciadamente, para él, ella era indiferente, al contrario que él para ella, convirtiéndose éste así en una prioridad que al parecer, aunque la princesa no se diera cuenta, no era merecida. Por esto, muy, muy tristemente, siguió esperándole lo que a ella le pareció una eternidad.

Gracias a Dios, esto es sólo un cuento pues si no lo fuera, la princesa aprendería que su príncipe no es una necesidad y que, por tanto, si tiene algo más importante que su princesa no valdría la pena estar esperando. Esto último lo tendría tan, tan en cuenta, que haría esperar al príncipe dos eternidades. Y la verdad es que... así lo hizo.

Fin.




jueves, 27 de octubre de 2011

A la espera

Ella murió de tristeza pensando que no volverías:

- Se ha olvidado. Olvidado de mí, mas lo entiendo. ¿Qué sería de su vida al lado de una chiquilla?

El tiempo pasa y las flores ya no germinan:

- Cuan raudo ha sido el otoño que ya se ha ido para que así, sin ti, la noche sea más fría.

Se dejaba caer la noche cual papel suspendido y era entonces cuando el sol se iba:

- "Chaff, chaff". Dejaba oírse la hierba entre chasquidos y chasquidos. - ¡Es él! ¡Es él, que ha vuelto! ¡Oscuridades de mi mente, extinguíos! pues es cierto que he vivido ya en un largo letargo... ¡pero es él y está aquí ahora! ¡Oh, caballero, descubríos!

Pero al llegar al balcón...

- Cruel, cruel imaginación infantil... Mis deseos por tornar el tiempo atrás cuando no cabía un fin, me engañan. Y de esta maquiavélica forma me alimentan por dentro y siento alivio pues mi corazón consigue volver a latir. Es entonces cuando mis ojos me ordenan despertar y el mundo sólo consigue mostrarme un inframundo gris. Ahí fuera sólo hay hierba... hierba e incontables corazones iguales al mío: deseosos, ansiosos, grandes, mas heridos.




http://www.youtube.com/watch?v=mahETwNA0ts

viernes, 21 de octubre de 2011

La noche, la luz.


¿Sabes?  Tengamos un jardín. No sé por qué digo esto a las estrellas. Já, como si acaso pudieras oírme. Aunque... suponiendo que la noche me dé luz este abril, todo podría ser,
¿no es así?

A veces no logro comprender por qué les molestaría que nos viésemos de día. 
¿Es que todas  y cada una de las noches se la pasan con ojos cerrados, ignorando el mundo en su lejanía? 
¡¿Es esa la razón por la cual no puedo disfrutar de tus placeres siempre?! 
¡¿De que tantas lagrimas me provoque el hecho de que nunca estés presente?!

Maldición. Maldigo una y otra vez cada día en el que te dediqué un solo segundo del tiempo de mis labores en querer estar contigo. En querer. Sé que no vas a venir, lo sé, mas, lo que aún desconozco es por qué sigo aquí, asida a la hierba, esperando cerrar los ojos y que de repente, tu aroma me haga mover la nariz a la vez que el viento me grite: ¡Gírate, niña tonta! ¡Una vez más está ahí! ¡Ya era hora! ¡Levanta y corre, pues volar no puedes! Agita tus brazos, ¡grita! ¡llora! mas no parpadees. Pues una vez que lo pierdas de vista, ya mas volverá otra vez a este mundo. Ya mas podrás volver a verlo. Mas que en sueños, mas que en el cielo oscuro…

Pero... ¿qué? ¡No, luna, no llores! Tus lágrimas solo harán que caiga todo tu resplandor de plata. Conseguirás poner tristes a las estrellas, a las Pleyades, a las nubes. A mi nube… y a tu hija, la que ahora es castigada.