¿Sabes? Tengamos un
jardín. No sé por qué digo esto a las estrellas. Já, como si acaso pudieras oírme.
Aunque... suponiendo que la noche me dé luz este abril, todo podría ser,
¿no es así?
¿no es así?
A veces no logro comprender por qué les molestaría que nos viésemos de día.
¿Es que todas y cada una de las noches se la pasan con ojos cerrados, ignorando el mundo en su lejanía?
¡¿Es esa la razón por la cual no puedo disfrutar de tus placeres siempre?!
¡¿De que tantas lagrimas me provoque el hecho de que nunca estés presente?!
¿Es que todas y cada una de las noches se la pasan con ojos cerrados, ignorando el mundo en su lejanía?
¡¿Es esa la razón por la cual no puedo disfrutar de tus placeres siempre?!
¡¿De que tantas lagrimas me provoque el hecho de que nunca estés presente?!
Maldición. Maldigo
una y otra vez cada día en el que te dediqué un solo segundo del tiempo de mis
labores en querer estar contigo. En querer. Sé que no vas a venir, lo sé, mas,
lo que aún desconozco es por qué sigo aquí, asida a la hierba, esperando cerrar
los ojos y que de repente, tu aroma me haga mover la nariz a la vez que el
viento me grite: ¡Gírate, niña tonta! ¡Una vez más está ahí! ¡Ya era hora!
¡Levanta y corre, pues volar no puedes! Agita tus brazos, ¡grita! ¡llora! mas no
parpadees. Pues una vez que lo pierdas de vista, ya mas volverá otra vez a
este mundo. Ya mas podrás volver a verlo. Mas que en sueños, mas que en el cielo oscuro…
Pero... ¿qué? ¡No, luna, no llores! Tus lágrimas solo harán que
caiga todo tu resplandor de plata. Conseguirás poner tristes a las estrellas, a las Pleyades, a las nubes. A mi
nube… y a tu hija, la que ahora es castigada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario