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sábado, 23 de junio de 2012

Un baile; una noche

Yuna (pensamiento): me hallo aquí, en mitad de un gran salón decorado por mármoles, e incluso, puede que por marfiles. Las ventanas dejan ver el gran resplandor de la luna, totalmente redonda, más llena que nunca, en una posición en la que jamás la había apreciado antes. Esa no es la luna que recuerdo haber visto aparecer en el cielo de ninguna otra noche anterior. Yo permanezco quieta, mientras la sala comienza a llenarse de gente, todos con elegantes vestidos. Unos más que otros, pero los más sencillos lucen igual de bonitos. Es entonces cuando miro hacia el suelo y veo mis pies desnudos seguidos de mi pijama de verano. Debería tener frío, pero no noto absolutamente nada; ni si quiera mi respiración. Levanto la mirada y, sola, se dirige hacia la escalera, brillante, casi solitaria, que se alzaba hasta la planta superior. Al final de ésta, atisbo a una mujer joven, rubia, con un vestido blanco de un corset revestido con pequeñas piedras transparentes que lo recorrían y parecían imitar a diamantes diminutos. Ella destacaba sobre todos los demás. Su cara... su cara... no puedo verla. Se acerca cada vez más y es entonces cuando reparo en que lleva una máscara delante de sus ojos, como todas las personas que llenan el gran salón. Mi mirada baja hasta el principio de la escalera, donde un hombre la mira. En realidad, todos, tanto hombres como mujeres, la miran al percatarse de su presencia. Pero éste es especial. No solo la mira: la espera. Es entonces, cuando todo queda en silencio.

La mujer de la escalera, se apoya en el barandal izquierdo de éstas con su mano, mientras que con la otra se alza un poco el vestido para evitar tropezar. Asimismo, comienza a bajar y sólo se oye el tintineo de sus tacones plateados bajando escalón tras escalón. Cuando ella llega al último, el hombre la saluda con una reverencia y ella, como si intentara aparentar superioridad ante él, o más bien, indiferencia, sólo le cede su mano, aunque su sonrisa la delata completamente. "Estás hermosa esta noche, Rose". -Susurra el hombre al oído de la mujer-. "También lo estuve anoche, Clow, cuando no viniste a verme". -responde ella con un tono explícitamente enfadado, justo antes de comenzar a caminar a través del salón, aún con una sonrisa forzada en su cara-. 

Todo sigue sin sonido aparente, excepto por sus aún resonantes tacones en el suelo liso. Llegan entonces al centro y, esperando a que la música comience, toman posición de baile. Yo, que sigo con mi pijama de verano, me acerco a ellos y comienzo a seguirlos en cada paso.