Si un día alguien preguntara:
- ¿Yuna? ¿quién es esa?
Otro alguien, clara, seguida y rápidamente, respondería:
- Es la hija de Fulana de tal, la novia de Mengano. Sí, sí, una chica de Gran Canaria. La amiga de aquel chico de pelo rizado. Que sí, hombre, la del otro día...
Si las cadenas, contemporáneamente, no existieran, la respuesta a esto cambiaría y así, las personas dejarían de definirse las unas a las otras como pertenencias de nadie, ni de nada.
Entonces, y sólo entonces, no solo podríamos hablar de libertad, sino que, todos, seríamos capaces de definirla.

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