Se prometían noches... más noches, sueños, caricias, momentos y más y más momentos juntos. Mientras tanto, allá arriba observaban atentos céfiros y vientos de tempestad de todos los lugares que comunicaban lo ocurrido entre ellos.
- Oh, Danna. Mi dulce, dulce Danna...
Dejaba oírse el eco entre los vientos que recitaban una y otra vez las palabras que éstos se dedicaban.
- En tres días, esperaré frente a la línea que cruza tu abismo con el mío.
- Ya no recuerdo como era tu Cielo, pero te aseguro que el olor que impregna no es el de un abismo.
- Será un abismo hasta que tú formes parte de él. Entonces, y sólo entonces, podré llamarle Cielo.


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