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miércoles, 30 de julio de 2014

Fruta podrida, putrefactos de mierda.

Y es entonces cuando te das cuenta de que sucede lo que nunca quisiste realmente: estas un escalon por encima. Tal vez cuatro o cinco.

Mentes tan sucias... tan sucias que dan asco. Es que cuando esas palabras asquerosas entran en tu cabeza, se te descompone el estomago.

 El mundo seria tan grande si no hubiese gente asi, que pudre cestos de frutas. Frutas brillantes y grandes y tal vez no mucho, pero que pueden llegar a serlo algun dia... pero que se pasan largo tiempo creyendo que son solo eso, frutas.

Y por supuesto sobra decir que no solo son eso. De hecho, es lo menos que son y lo menos que pueden dar.

miércoles, 1 de enero de 2014

Las mujeres son de Marte y los hombres de Venus


He comenzado a leer un libro hace un par de días. Se llama "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus". Trata sobre cómo ven las cosas un hombre y una mujer en una relación, así como las diferencias entre ellos y la manera de sobrellevar esto.

He de admitir, que una vez más, mi ingenuidad había conseguido convencerme de que este libro del señor Jhon Gray debía ser la obra de un genio, la solución hacia todo. Este libro iba a tener la respuesta a todos mis problemas y es más, también para todas las "venusinas", a los momentos en los que más sola me sentía y el por qué no conseguía que mi pareja me entendiera por mucho que me escuchara. ¿Pero sabéis que he descubierto? que yo no soy de Venus ni nada más lejos. A veces, y solo a veces, soy de Venus. Sin embargo, en otro tanto... oye, pues soy de Marte. ¿Seré un hombre? ¡Nah! Es algo un poco más complicado. Pero sólo un poco.

Aún no he acabado de leerlo y, sinceramente, empiezo a plantearme si seguir con ello. Tal vez peque de presuntuosa, pero me ha llevado 34 páginas de 200 entender lo que ahora quiero compartir. A veces me tomo las cosas muy a pecho, al pie de la letra o de manera muy extremista. Pero bueno, como todos. Sin embargo, no pienso que éste sea el caso.

Es cierto que hay cosas que este libro nos quiere hacer ver con las que estoy de acuerdo más que nada por experiencias personales. Pero ahí, queridos y queridas, es a donde quiero llegar yo. Según Jhon Gray, el hombre percibe el estrés de una manera distinta a la mujer. Éste, intenta distraerse de esto con cosas ajenas a él, o que simplemente lo entretengan (Ir a correr, ver un "partido de fútbol", leer el periódico, una revista de coches) cosas de ¡MACHO! Por otro lado, la mujer, cuando se siente estresada, quiere hablar de sus problemas con esa pareja a la que... le nace contárselo todo, a su confidente, a su compañero de por vida, pero atención, no para que éste le aporte soluciones, no. Sino para que la escuche y le de un abrazo...

A ver, a ver... que yo me entienda... ¿Desde cuándo... tengo que depender YO de alguien? No, no, no. ¿Desde cuándo... debo YO creer que mi bienestar depende de compartir mis problemas con alguien, no para que me ayude, no, sino para que me cubra como a un avioncito de papel, a un pajarito malherido?

Que esta muy bien que me protejan y me demuestren que me quieren... pero... PERO... ¿por qué yo sí me alivio así... y él no?

A mi estos cuentos de que pensamos de manera diferente no me sirven, lo siento, porque en mis pieles he vivido yo misma situaciones en las que el libro marca a uno como el hombre y al otro como la mujer, y yo he vivido esas tesituras con los papeles totalmente invertidos a lo que nos quiere enseñar el libro. Aquí hay algo que se escapa y no es la diferencia sexual, PARA NADA.

No, esperad, porque otra de las cosas es que cuando él está en un aprieto (cito el ejemplo del señor Gray) y conduce un coche pero se pierde, se siente mal si la mujer le dice a éste que pregunte a alguien porque el hombre se basa en demostrarle a los demás que puede, que es fuerte, ¡QUE ES UN MACHO! ¡OLE! Anda yaaaaa, hombre. Eso, hasta donde yo entiendo, no se llama ser un hombre y sentirse herido porque se es un hombre y claro, ellos son así. No. Hasta donde llego yo, se llama ser un orgulloso, como puede pasar con una chica orgullosa de la misma manera. ¿Que uno tiende más para un lado? Mira, puedo llegar a creerlo, ¿pero ese extremo que él nos explica en su libro? Para nada.

El ejemplo que nos pone en una misma situación pero esta vez con la mujer, es que ella viene del trabajo con malhumor porque le ha pasado algo y quiere contarlo ("a diferencia del hombre") entonces, pretende que su pareja la escuche y... y si no la escucha... ¡pues se pone mal! ¿pero para eso debes ser mujer? ¡Psss!

El caso es el siguiente, ella llega y le cuenta sus problemas, él le da soluciones y ella se siente mal. Por mi parte, cuando mi novio me da soluciones a un problema que le cuento me siento más aliviada, no enfadada, señor Gray, porque veo varios enfoques y luego YO decido con cuál me quedo. Por supuesto que quiero que me escuche y que me de abrazos, al igual que él cuando está mal.

Voy a procurar ir resumiendo ya porque si no no acabo nunca de tantas cosas que tengo en la cabecita y puede que suene algo repetitiva con esto que voy a decir, pero vosotros juzgaréis después.

La sociedad nos enseña a las mujeres a ser unas románticas empedernidas de cristal y a los hombres unos expertos en coches de última generación que necesitan sentirse fuertes y machotes para estar bien. Por eso es por lo que el libro suple tantos problemas de pareja, porque nos enseñan a ser así... ¡y a vivir así!

Pero conmigo esto no vale, porque yo quiero que mi pareja si está mal me lo cuente (cosa que, personalmente, hace y que para mí no denota falta de virilidad, sino confianza hacia el compañero), que me aporte soluciones a mis problemas como yo lo hago con él. Me encantan los detalles y el romanticismo como se entiende hoy en día y las cursilerías y lo pasteloso y sentirme querida y mimada hasta más no poder. Me gusta que mi pareja me vea especial y me haga saber que lo soy. Y he estado con chicos que necesitaban exactamente lo mismo y no por ningún trauma del pasado y os aseguro que eran hombres, ¡eh!. ¡Vaya! que va a resultar que hay hombres en Venus y mujeres en Marte y que no como el señor Gray dice, los hombres necesitan un espacio en el que aislarse y por eso no pueden ser románticos y expresarse y no parecer que tienen horchata en la sangre o que están hechos del mismo material que las paredes.

A mí un hombre no me atrae porque esté más tieso, distante y sosegado que un árbol, por mucho que me quiera, sino que me atrae por la empatía que tenga no sólo hacia mí, sino hacia mis sentimientos, que es una cosa muy difícil de entender pero también muy importante. Además de que me quiera conquistar todos los días, que se mantenga como al principio, ¿o que pasa? que las "venusinas" si podemos, pero los "marcianos" no, ¿no? ¡Malas costumbres e influencia de la sociedad! Coño, que manía con quedarnos en la superficie y asentir al primero que nos viene con una teoría con la que quiere que nos conformemos.

Seguramente me habrá faltado decir algo, pero vamos, en tal caso, lo haré saber muy pronto, pero por lo pronto, no me conformo con las ideas preconcebidas ni ahora ni nunca.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Hace algunos años me alejé sin motivo. Sin embargo, ahora, sería estúpida si no lo hiciera.

jueves, 4 de julio de 2013

Cúmulo

Llevo unos días sintiendo algo especial. En realidad, son varias cosas juntas. Como un cúmulo de grandes cosas amontonadas. Como si... hubieran estado olvidadas durante mucho, mucho tiempo y ahora comenzaran a aflorar, a salir a la luz, a hacerme recordar que seguían vivas en alguna parte muy profunda de mi cabeza. Que YO seguía viva. Tal vez en algún sitio muy oscuro, muy joven, o... muy antiguo.

No sé de dónde vienen, aunque sí a dónde quieren llegar. Sé lo que sienten y, lo más importante, yo también lo siento. Algo me llama, como tirando de mí todo el rato. Una de mis teorías es que estás más cerca de lo que imaginaba... espero que sea la correcta. Ayer vi algo muy raro, que me hizo apoyar esa teoría, o al menos, que vuelvo a no estar sola, como en aquellos tiempos en los que sentía cada instante, cada pequeña emoción por muy insignificante que fuera y la vivía como única, aunque me doliera o asustara. La idea de volver a sentir como cuando tenía doce años me atrae por una parte, pero por otra, no saber hasta que punto puedo llegar exactamente, me da algo de miedo. ¿Es mala demasiada empatía?

Hace dos días pude sentir el agua del océano en mis pies. Eso sí que fue especial. Podría haberla sentido mucho antes, para algo estoy rodeada de hermosísimas playas... pero esas mismas hermosísimas playas, hace unos pocos meses, no podrían haber conseguido que sintiera lo que, antes de ayer, consiguió mi corazón. Más que un sentimiento, por muy fuera de sí que suene, parecía más un recuerdo. Y no ha sido el único que me ha venido a la mente últimamente, pero sí el único que no podía clasificar en un periodo de tiempo. La cabeza se me paró en seco, pero a la vez, una parte me daba vueltas, como buscando qué era esa sensación, de dónde venía ese recuerdo. Fue muy raro, pero cada vez me gusta más estar tan cerca... de todo.

Estoy viviendo más, pero aún así, mi corazón nota que falta algo. Es bueno, ¡es bueno! porque antes ni siquiera sabía, ni mucho menos, sentía, que me faltaba algo. Sin embargo, aún me queda mucho por recorrer, mucho por sentir y mucho que conseguir. Las ganas me vuelven, aunque a veces me matan sin saber qué son exactamente, o lo que quiero, pero, aunque me cueste más que nunca, no pienso dejar pasar la vida en vano.

sábado, 25 de mayo de 2013

Señales

No era una noche muy fría. Aún así, quise que me acompañara un pullover y una gran chaqueta de la marca Ecco. Los raperos no deben pasar frío nunca con estas cosas tan calentitas.

-¿Qué pasaría si renunciara a ellos?-. Era una de las tantas preguntas que rondaban mi cabeza una y otra vez, unos meses atrás. Cuando aún era una muñeca algo perdida. Bueno, más bien, muy perdida. Fue entonces cuando comencé a llevar una vida normal. Me habían dejado en paz y de repente tenía todo lo que quería: un trabajo, una relación estable, una familia a la que echar de menos y lo más importante; al destino bien lejos.

Pero entonces, ocurrió. Me di cuenta de que, aunque es lo que ella quería y seguirá deseando, no puedo dejar de querer encontrarla. Ni un momento, por mucho que me hubiera alejado de esos estúpidos ángeles manipuladores, pude dejar de pensar un instante en ella.

Como iba diciendo, no era una noche muy fría, así que, mi perfecto novio normal y yo, salimos a dar un paseo. Además, me apetecían chuches después de un día duro. De duro trabajo y sexo duro, claro. Sonrisas, bromas y piques, protagonizaban lo que parecía la típica y normal escena de una joven parejita. Pero entonces, lo vi.

He de reconocer, que desde la puerta del edificio en el que vive, era a mis ojos, tan sólo una compresa usada, tirada sin más. Alguna adolescente loca, ¿por qué no? Pero cuando ya nos habíamos echado prácticamente encima de ésta, me limité a dejar clara la repugnancia que me provocaba con un explícito y sonoro: "¡puaj!", antes de seguir el camino a por mis chuches. Sin embargo, parecía que ese ya no era el plan de mi novio, al parecer y hasta ahora, normal. De repente, sentí un fuerte apretón en mi mano que, aunque cariñoso, dejaba marcada su decisión de dar una vuelta a mi cuerpo de 180º.

-¿Sabes lo que es?-. Se limitó a preguntar, mirándome con mucha más curiosidad que la que mi miopía me dejaba sentir por una aparente compresa usada. Instintivamente, bajé la cabeza y dirigí la mirada al suelo, aún con una mueca de asco en la cara, que, rápidamente, cambió a una expresión tensa y seria. ¿Ambos estábamos viendo lo mismo?

-Dos plumas arrancadas-. Respondió, casi como si pudiera haber leído la pregunta en mi cabeza. Yo no dejaba de mirarlas, de inspeccionar la posición que adoptaban. Medirían algo más que mi mano. Eran de un blanco puro, que, claramente, se contraponía a la sangre pegajosa que recorría el fino hueso que aún las mantenía unidas.

-Me apresuré a disimular mis nervios haciendo caso omiso a su comentario. Saqué de mi bolso una pequeña botella de agua que había llenado unos pocos minutos antes de Fanta Naranja. Miró hacia arriba y prosiguió con una conversación que, a estas alturas, ya podría empezar a llamarse monólogo.

-Y en la esquina de nuestro edificio. Casi bajo nuestra habitación-. A cada palabra, yo daba sorbos más y más rápidos, intentando que las burbujitas en mi garganta me ayudaran a tragar todo lo que intentaba ocultar.

-¿Y si las dejaron aquí pensando que vivíamos justo encima?-. Expuso.

Cuando quise darme cuenta, la Fanta ya había salido por mi nariz. Sentía mi cara totalmente roja y los ojos me lloraban. Era imposible evitar que me atragantara después de esa pregunta tan inocente. Mi novio era finalemnte normal, me habían devuelto a mi ángel sin recuerdos, o, definitivamente, cuando Dios le hizo olvidarme, se le fue un poco la mano y lo dejó estúpido.

Después de un frío debate mientras caminábamos sobre el tipo de ave al que podrían pertenecer esas plumas, increíblemente solo, llegó a la conclusión que temía que alcanzara. Demasiado grande para un pajarito y muy pequeña para pertenecer a una gaviota.

-Tal vez nos la dejó un ángel-. Terminó.

Mi risa nerviosa me hacía recordar una y otra vez a la Fanta saliendo despedida por mi nariz. De haber sabido lo que iba a pasar, no la hubiera usado en el primero momento súbito de nervios, sino en todos los demás que le iban a seguir.

-Ya sabes-. Dijo, como convencido.

"Oh, no". No podía dejar de repetir en mi cabeza.

-Es una señal-.

Cómo me hubiera gustado que en ese momento mi corazón hubiera dejado de latir, al contrario que lo que decidió hacer. Lo sentía casi en la tráquea, intentando huir. Ni un segundo había tardado en hacer las maletas, pero lo comprendo. Yo hubiera hecho lo mismo en su situación por escapar.

-Oye-. Logré decir. -Tengo frío. ¿Y si volvemos a casa? Mañana es nuestro día libre, ¡lo aprovecharemos al máximo!

Vaciló unas pocas veces. Decidir entre la pareja y chuches es muy difícil. Yo no estoy segura de qué hubiera elegido yo, pero finalmente, se decidió a darme un capricho más y dimos la vuelta a casa.

Ya casi estábamos en esa dichosa esquina. No quería volver a pasar por ahí y sentir que mi corazón decidía visitar una vez más a sus, ya amigas, cuerdas vocales. La pasaríamos en unos segundos. No quería mirar. Sabía que el también estaría atento a esa esquina. Expectante, ingenuo. Tres, dos, ¡uno!

...

Me había parado en seco. Supe que me había precipitado al pensar que él seguiría mirándola. Yo había sido la única y, así, la que se había quedado sin aliento al ver que no quedaba ni rastro del fenómeno del que tanto había estado hablando. Ni pluma, ni huesos, ni sangre.

-¿Estás bien?-. Escuché a mi novio, preocupado, tras conseguir volver a la realidad.

Entonces, solté la mentira mas gorda que había podido decir en toda mi vida. Nerviosa, tensa, asustada, al límite, sí, ¿pero, bien? ni en broma era lo que describía lo que sentía, precisamente, en ese momento.

Una vez en casa, parecía que todo había transcurrido tan sólo en unos segundos, pero mientras la escenita anterior se desarrollaba, a mí me parecía que los lustros me dejaban atrás. Milenios, pensándolo mejor. Lo observaba jugando a la Play, mientras maldecía con tacos a unos cocodrilos que lo atacaban en un pantano y, sin poderlo evitar entonces, me juraba que siempre, siempre, le protegería. Fuese quien fuese en su interior.

lunes, 20 de mayo de 2013

"Esos hipócritas me mataron"

Hablar por ti me resulta tan difícil. En realidad, nunca llegué a saber ciertamente qué rondaba tu cabeza en cada momento. Hoy, ese hecho me irrita. No sé por qué eras tan especial para mí, ni por qué sigues siéndolo, si bien a veces te recuerdo distante, como si no valiera la pena abrirte a mí. Y hoy sigues sin venir. 

Seguir llorando o morir de una vez. Cada día me levanto con las mismas opciones. Ya no hay otras, y sé perfectamente que cuando cambie de posición, no será porque no haya intentado esperar.

No puedo decirte que imagino cómo debiste haberte sentido cuando descubriste todo aquello y mucho más que no sé ni siquiera a día de hoy, sobre todo porque soy incapaz de sentir muchas cosas aún, pero me mata la idea de que algún día me salieron lágrimas de rabia por no poder haber hecho nada para evitar tu sufrimiento en ese momento. Como si viviera ajena a la historia, cuando pertenezco de pies a cabeza por derecho legítimo a ella. Como tú, aunque quisieras haber escapado muchas veces. Como todos. Pero uno es lo que es y eso siempre nos va a acompañar. Es uno mismo quien elige arrepentirse de ello durante toda una vida, o tenerlo presente día a día como un don.

Mientras tanto, quiero saber qué pasa.

Nuestra despedida

Negué tantas veces con la cabeza que pude sentir como las lágrimas se perdían en el aire. Sólo tenía un pensamiento en mente mientras tú decías una y otra vez que volverías.

-No va a volver...- No dejaba de repetirme a mi misma silenciosamente. Ya me habían dejado sola antes y siempre pronunciaron las mismas palabras antes de que jamás volviera a verles. Me parecieron igual de suaves y dolorosas que la primera vez, aún siendo ésta imposible de recordar para mí.

La verdad es que... no recuerdo lo que hice en ese momento. Ahora, ya sólo me atormenta saber que debería haber gritado y pataleado, cogerte del brazo y no dejarte respirar el frío que nos rodeaba. El mismo que nos acompañó desde el principio hasta más allá de nuestro final.

Pero nadie podía cambiar lo que estaba pasando. Nadie podía sustituir la verdad. Pertenecíamos a mundos diferentes, con tan sólo una diferencia: tú lo tenías todo y no querías nada, mientras que yo, no tenía nada y sólo te quería a ti.