Cuatro. Cuatro son las paredes blancas que nos rodean a mi y a mi locura. Una, dos, tres, cuatro. Cuatro son esas paredes y son cuatro los ríos que del Edén nacen para perderse. Cuatro. Son cuatro los vientos que nos guían y también son cuatro las partes de los días: noche, tarde, mañana y mediodía. Cuatro. Seguro, practico, confiable, disciplinado... Pero eso no es lo mas importante, pues los tormentos que me persiguen cada día tambien son cuatro.
Te pido, soledad, que te vayas, que me dejes, que te extingas, que ya mas no me pidas, no logro soportarte ¡y no aguanto que te rias!. Pesas demasiado para mi y mi pobre espalda y aunque te agradezca que seas mi única compañía en tiempos en los que no tengo esperanza, desearía que te fueras tan lejos... desearía... que cuando levantara la vista lo único que pudiera ver fueran los despojos olvidados que has recolectado de viejas almas vacías. Y no te equivoques, pues estas, no son como la mia.

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