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domingo, 30 de noviembre de 2014

2 entradas, 2. Ni una más, ni-u-na-más.

Desperté esa mañana, que no era mañana. En realidad era una tarde, pero lo vi claro. Como cuando me despertaba de pequeña, abría los ojos y veía la pared rosa iluminada de mi habitación por el sol. Sólo recuerdo las mañanas de primavera. "Qué linda" (voz de Tamara).

Me he convertido en ella. Bueno, lo estoy haciendo, creo. Lo noto. Sin maridos locos, ni fuerzas superiores que me exijan cosas raras, ni bebés de por medio (por favor, Dios, escucha las plegarias de una samaritana con sentido de la ovulación nulo), ni viajes largos, ni tanta belleza como la que tenía ella... pero... lo cierto es que... ahora la entiendo. Es decir, más que nunca.

E incluso me atrevería a decir que estoy sintiendo exactamente lo que ella sentía. Gracioso el destino, ¿eh? Pero estoy tan segura... esperemos que no acabe igual. Gracias, público.
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Me duele hasta lo que no duele. Sólo tengo ganas de llorar. Me siento como una puta basura y sé que no lo soy. Sé que no lo soy pero me siento como una puta basura. Cómo cambia la cosa, ¿eh?

Tengo decidido que voy a luchar por lo que quiero y primero encontrar qué es eso que tanto quiero, pero... veo todo tan, tan lejos de mí...

El corazón me ha dejado de latir desde hace tiempo, pero la verdad es que aún me siguen doliendo las cosas. No lo entiendo, te lo juro.

Pude haber manipulado la situación innumerables veces. Y no, no lo hice. Casi, pero no. Demasiado fácil. Lo difícil era resistirse. Y así lo hice. Chócala (Clap).

Echo de menos algo que nunca tuve y moriría por ello. Pero no pasa nada, me intento autoconvencer.

Menuda mierda. Somos un destino pasajero. Eso es lo que somos. Somos una puta isla. Preciosa por cierto. Pero últimamente sólo los sábados de noviembre.

No darles importancia me hace sentirme menos aún que ellos, y eso es imposible. Basura come anazos. Pero qué asco.

No sé decir adiós y ya está claro. El adiós es la cosa más dolorosa del planeta. Ni la traición, ni la mentira, ni los golpes... nada duele tanto como un adiós, y si no sabes decirlo, ya ni hablemos.

Me duele hasta lo que no duele.Se acabó jugar a... yo que sé ni a qué. ¿Y qué pretendía? ¿ganar más? Si ya había ganado. Si ya gané... la avaricia rompe el saco. Harrrta de los refranes que estoy. Soy una avariciosa y caprichosa y viciosa y madre mía. No, si es que lo digo en serio. Pero, de verdad, ¿qué coño pretendía?

Pues nah, en tres días... Bon voyage, mon ami. Lo peor de todo es que sé escribirlo y no sé ni cómo. Qué mente privilegiada, por favor.

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