La mañana
llamaba a la puerta y la puerta le giñó el ojo.
Ésta no
se cerraba por más que lo intentaran, milagrosos.
En un
lado se encontraba el azul cielo y en el otro la tierra.
A un lado
quedaba alguien que no debía nada a esa esfera.
¡Mis
actos quedarán borrados cuando te libere, ve!
y la
muchacha de rizados cabellos la cruzó sin saber.
¡Tomala
en tus brazos, oh, mi auténtico y fiel amado
y
protégela con tu espada, con tu escudo y con tu arco!
Y dile
que yo en cada camino junto a la luna la podré ver
y dile
cuantas nanas susurraré para no ver en sus ojos llover
y
cuéntale historias de como la puerta al final del día se cerro
y jamás
la llames por su nombre pues él jamas lo encontro.
Ojos de
furia y piel marmoleada tendrá en su razon
cabellos
castaños y rojos cual fuego en su corazón
a gracia
de la guerrera del amanecer que al alba venció
la
estrella de los vientos que agiliza mi vorpal amor.
De una
puta a una princesa de la noche a la mañana
será
fuerte cual demonio que entrecruza miradas
sus
alas... ¡escondidas! oh, sus plateadas alas.
El viento
podrá en este mundo mantenerla atada.
No sufras,
corazón, porque cuando despierte, te veré.

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